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CONFESIÓN...

Confesión



¿CUÁNDO SE ESTÁ OBLIGADO A CONFESAR LOS PECADOS GRAVES?



Todo fiel, que haya llegado al uso de razón, está obligado a confesar sus pecados graves al menos una vez al año, y de todos modos antes de recibir la sagrada Comunión.

Sin embargo, la Iglesia recomienda vivamente la confesión frecuente de los fieles, aún si no tienen pecados graves desde su última confesión. En cuanto a los pecados dichos al sacerdote confesor, éste queda obligado bajo gravísimas sanciones al secreto absoluto de los mismos. Jamás puede divulgarlos.

Los efectos del sacramento de la Penitencia son: la reconciliación con Dios y, por tanto, el perdón de los pecados; la reconciliación con la Iglesia; la recuperación del estado de gracia, si se había perdido; la remisión de la pena eterna merecida a causa de los pecados mortales y, al menos en parte, de las penas temporales que son consecuencia del pecado; la paz y la serenidad de conciencia y el consuelo del espíritu; el aumento de la fuerza espiritual para el combate cristiano.

(cfr. Compendio del Catecismo, 295-312)



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A causa del pecado, la vida nueva que el cristiano obtiene en el Bautismo puede ser debilitada o perdida para siempre. Por esto, Cristo instituyó el Sacramento de la Reconciliación, de forma que el cristiano cure la herida dejada por el pecado leve y evite la condenación eterna merecida por el pecado grave.



El penitente, tras haberse examinado en busca de sus pecados aún no confesados (examen de conciencia), debe arrepentirse de aquellos pecados cometidos proponiéndose no volver a cometerlos (contricción). Luego, acude al sacerdote confesor y se acusa de todos sus pecados graves – expresando el número y especie de estos-. Luego, el sacerdote impone al penitente una penitencia, la cual éste debe cumplir en un momento oportuno (inmediatamente o dentro de poco tiempo) y lo absuelve de todos sus pecados.



La Iglesia recomienda vivamente que, además de confesar sus pecados graves, los fieles confiesen también sus pecados leves, para sanar aquellas heridas y manchas que, de todos modos, deja este tipo de pecados. La omisión consciente de un pecado grave en la confesión la hace nula, y añade un nuevo pecado grave. Quien permanezca conscientemente en un pecado grave, no debe acercarse a recibir la Sagrada Eucaristía.